Este post no existe

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Luego de la polémica que se armó con los buses ateos en Europa (ver foto arriba), van dos recomendaciones.

1) Este sitio donde podés armar tu propio leit motiv a favor o en contra de Dios. Yo armé este:

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2) Esta columnita de Hernán Casciari el domingo último en Enfoques.

BARCELONA
Una doble campaña publicitaria -con tintes de revolución religiosa y conmoción vehicular- ha ganado las calles de Barcelona, Málaga y Madrid. Desde hace ya tres semanas puede verse, en los laterales de los colectivos de línea españoles, una publicidad enorme que dice, textualmente en letras mayúsculas, rojas y negras: “Probablemente Dios no existe; deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Los promotores de la idea, aguerridos y modernos incitadores de la verdad científica, son miembros de la Unión de Ateos y Librepensadores de España. Todos ellos, y quienes quieran apoyarlos vía Internet, están poniendo dinero de sus bolsillos para pagar los más de dos mil euros diarios que cuestan estos avisos móviles en la vía pública, que le arrancan sonrisas a algunos y le ponen los pelos de punta a otros. La idea nació de una ofensiva similar londinense, donde el cartel era bastante menos puntual, ya que alertaba que “probablemente los dioses no existan” (en plural), pero en España -país donde el noventa por ciento de la población se declara cristiana- parece que sólo es un Dios, y no muchos, el que interesa que no exista.

Quizás por el hecho de no usar el plural en la concepción divina, o quizás porque los autobuses pasan por enfrente de su sede, la Conferencia Episcopal ibérica se puso de los nervios con los cartelones. Ni lerda ni perezosa, la ofensiva católica no tardó ni una semana en aparecer por las calles. Desde el miércoles pasado, otras líneas de transporte han sido contratadas con un segundo argumento publicitario, que reza (y nunca mejor dicho) en los paneles de otros muchos autobuses: “Dios sí existe; disfruta de la vida en Cristo”. Los católicos, al revés de los ateos, no usan el “probablemente” en su eslogan porque, parece, están mucho más convencidos de la existencia de Dios. Esta nueva campaña, financiada por aportaciones personales y por la Iglesia, ofrece también displays alternativos con una frase de Ghandi: “Cuando todos te abandonan, Dios permanece contigo”, en referencia, suponemos, a que si un colectivo se va siempre hay otro que llegará más tarde. Esto último, posiblemente, hable menos bien de la fe cristiana que del Ministerio de Transportes de España.

Sea como fuere, en estos días resulta maravilloso y aleccionador caminar por las calles céntricas de Madrid, de Málaga o de Barcelona, y ver en qué se ha convertido el debate teológico moderno. Quién iba a decirlo. Al final, después de tantas guerras religiosas (desde la cruenta batalla del Puente Milvio en el 312 hasta la Guerra de los Treinta Años de 1614), después de tantísimas muertes a palos e inquisiciones feroces, la última batalla entre cristianos y ateos se libra en los colectivos de línea, a un euro veinte el boleto. De hecho, cientos de peatones morbosos esperamos con ansias que ocurra por fin el gran choque dialéctico final; aguardamos, con ganas, que llegue la tarde en que dos de estos autobuses, con eslóganes diferentes, colisionen en alguna esquina por culpa de un semáforo averiado y se produzca el primer debate filosófico de la historia con bocinazos, embotellamientos y heridos leves. Será un triunfo de la civilización moderna.

Caparrós sobre el 1549

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Muy buena nota de Martín Caparrós en Crítica sobre el milagroso amerizaje del vuelo 1549 de US Airways. También vean esta infografía de The New York Times.

Vivir para contarlo

Hay ciento cincuenta personas que lo saben y no nos lo cuentan. O quizá no lo saben, pero estamos convencidos de que sí. Hay –hubo hace diez días– ciento cincuenta hombres y mujeres a los que les dijeron, con menos palabras, que se iban a morir en uno o dos minutos, que pensaron lo que pudieron, que se prepararon si es que alguien puede prepararse, que se sorprendieron por lo rápido y lo lento que pasaba al mismo tiempo el tiempo, que se agarraron desgarrados de una manija inútil y esperaron el choque y sintieron el choque y después, de repente, notaron que vivían y que flotaban sobre un río casi helado y que muchos llegaban a salvarlos y que los periodistas les preguntaban cosas y más cosas y los parientes cosas y más cosas y los amigos cosas y más cosas porque todos queremos saber cómo es morirse –y ellos no nos lo cuentan. Yo lo seguí con brío: los leí en diarios americanos y locales, los escuché en radios y televisiones, y no hay manera: no lo cuentan.

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