Grondona aclara (?)

Luego de lograr la democratización del fútbol, el neopaladín de la justicia de la televisación del fútbol le otorgó una entrevista a Jorge Fontevecchia. Allí intentó explicar sus desafortunadas declaraciones al programa “El Sello”, de TyC Sports.

—El abogado Monner Sans lo querelló por violación a la ley antidiscriminatoria porque dijo: “A los judíos les gustan las cosas difíciles”, y por eso no acceden al referato. ¿Sigue sin haber referís judíos? ¿Piensa que están menos capacitados para esa función?

—Ahí me jugó mal la intuición. Era una idea de bondad para no traer problemas. Era lo que yo pensaba, y me equivoqué por no conocer ciertos detalles.

—Perdone mi ignorancia: ¿No hay referís judíos?

—Sí. Hay líneas, hay todo. Para mí son todos iguales. No miro quién es o quién deja de ser.

—¿Qué es lo que quiso decir entonces?

—Calcule que en una cancha de fútbol se producen hechos que dan la oportunidad de insultar. Si lo piensa, es feo insultar a la gente, discriminar…

—¿Chistes racistas?

—Lo podríamos plantear así. Como también podrían ofender al paraguayo, al boliviano, como a nosotros mismos cuando vamos al interior del país y nos dicen porteños.

Borensztein explica la Argentina con la General Paz

[...] Finalmente desembocamos en la General Paz, la autopista más simbólica del país. Le explico. En los últimos 20 años, el justicialismo gobernó 18 años y seis meses. De un lado de la avenida, están los pobres de la Provincia de Buenos Aires que vienen creciendo brutalmente. Cada vez son más numerosos, más pobres, pero increíblemente siguen votando al peronismo, que los ha empobrecido cada vez más. Del otro lado de la Gereral Paz está la Capital. Allí viven los más ricos, que cada vez son más ricos, pero increíblemente se niegan a votar al peronismo que los ha enriquecido cada vez más. Si alguien puede explicar esta fenomenal contradicción habrá desentrañado uno de los grandes misterios de la Argentina.

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Los motivos de la derrota

La tesis principal del argumento [de la derrota electoral] es conocida: “Yo no fui”. “Con el correr de los días, está claro por qué perdimos. La economía se enfrió por la crisis internacional; además, la gestión de Daniel [Scioli] es muy mala, y la inseguridad avanzó demasiado.” Lo dice una encuesta de “Tito”. Por lo visto, la fuente de Kirchner es la de siempre. “Tito” es Roberto Bacman, el encuestador oficial de Olivos, titular del Centro de Estudios de Opinión Pública, que ingresó a los anales de la sociología criolla el 28 de junio, divulgando números victoriosos de lo que, en un rato, sería “cancha rayada”. Los Kirchner lo siguen contratando, lo que indica que su propensión a consumir cifras engañosas, tan ostensible en el caso del Indec, puede haberse transformado en adicción.

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Top 5 Bolt

Aquí les dejo un compendio de cosas interesantes que vi por la web sobre el hombre más rápido del planeta:

1) Este gráfico comparativo entre los 200 metros que corrió en Pekín y con su última carrera en el Mundial de atletismo de Berlín
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2) Otra comparativa. Esta vez de los 100 metros.

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3) La carrera de los 9s58/100 en HQ

4) Estas dos fotos (click para ver más grande)
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5) Esta nota que salió en Crítica

¿Es posible establecer los límites del hombre?

“El juego sigue”, anunció el domingo Usain Bolt inmediatamente después de haber llevado a 9,58 segundos el récord mundial de los 100 metros llanos, registro que lo confirma como el hombre más veloz de la historia entre quienes se movilizan por cuenta propia. El jamaiquino dice, en otras palabras, que nada es para siempre. Será él, u otro, más temprano, más tarde, quien volverá a conmovernos. Es bueno esto de no perder la capacidad de asombro, de mantenernos vivos.

Una década atrás, un deportólogo californiano, experto en biomecánica, llamado Gideon Ariel, afirmó que existen límites concretos para la capacidad humana en cuanto al uso de sus recursos físicos. Según él, una especie de Francis Fukuyama del atletismo, en aquel entonces asistíamos al fin de la historia. Con ese razonamiento, fijó el tope para los 100 metros en 9 segundos y 75 centésimas. Palabra más, palabra menos, dijo que más allá de lo lógico en materia de velocidad cabía la posibilidad de que estallaran los huesos, que no había estructura ósea factible de sobrellevar un cuerpo de 70/ 80 kilos lanzado a casi 40 kilómetros horarios alzado sobre sus propias piernas. En rigor, hubo un estallido, pero no de huesos sino de sus pronósticos. Los velocistas de principios de este siglo llegaron a los 9,75 segundos y siguieron de largo, no se mostraron dispuestos a detenerse. No vieron el semáforo. Todos sobrevivieron con el chasis intacto. Incluso, ahí andan algunos todavía deslizándose sobre las pistas.

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