Aquí va la columna que escribí para el suple Enfoques que sale mañana en LA NACION
Fueron los 3 minutos más largos que recuerde. Sentado dentro del auto, el estado de nerviosismo iba in crescendo hasta casi la desesperación. Varado en el aeropuerto de San Francisco, mi única salvación era el aparato que seguía sin dar signos de vida. Finalmente, después de eternos 180 segundos, el GPS encontró el satélite, el corazón volvió a su lugar y al instante una seductora voz de locutora española me guiaba hasta el puente Golden Gate.
Hace algunos años el trauma de perderme en una ciudad desconocida se hubiese resuelto simplemente estudiando un mapa. La era digital otorga hoy la posibilidad de obviar el trabajo de memorización para facilitarnos la vida diaria, pero nos obliga a preguntarnos: ¿estas ayudas no nos harán menos inteligentes y más dependientes de la tecnología?
Si hay una herramienta que nos ha cambiado la forma en la que obtenemos información por antonomasia, esa es Google. Ya no buscamos, sólo gugleamos. Las eternas discusiones sobre cuestiones históricas o estadísticas están apenas a un clic de distancia.
Pero eso no es todo. Una de las últimas aplicaciones del buscador nos permite -siempre y cuando tengamos un Iphone- ahorrarnos el trabajo hasta de abrir un navegador para buscar el dato que nos hace falta. Simplemente le preguntamos, por ejemplo, al teléfono: “¿Cuál es el mamífero más grande de la Tierra?”. Instantáneamente aparecerá en la pantalla del celular cientos de links que nos llevan a páginas sobre la ballena azul.
¿Cuán bueno será para nuestras neuronas el hecho de no tener tantos datos en la cabeza? “Lo que hace la tecnología es forzar a las personas a buscar nuevas formas de aprendizaje. En vez de concentrarnos en la memorización que utilizábamos en el pasado, las grandes herramientas para encontrar información como Internet le permitirán a la gente que tenga más tiempo para adquirir nuevas habilidades”, asegura Marissa Mayer, vicepresidenta de productos de búsqueda y experiencia de usuario en Google, a LA NACION.
Un estudio de la Universidad de Los Angeles parece darle la razón a Marissa. La investigación, publicada en el American Journal of Geriatric Psychiatry el año pasado, demostró que los asiduos navegantes de Internet habían desarrollado más los centros del cerebro que controlan la toma de decisiones y el razonamiento complejos que los usuarios que eran novatos en la Red.
Se crea o no en el rigor científico de este análisis, lo cierto es que no nos podemos quedar en el pasado: los avances tecnológicos vienen para quedarse.
Relacionado:
Ni más inteligentes ni más estúpidos gracias a Google, post de Mariano Amartino
Is Google Making Us Stupid?, revista Atlantic
Este post lo escribió , posteado en Saturday, January 17, 2009 at 1:44 pm, filed under Tecnología and tagged Google, GPS, Inteligencia. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.



Buena nota Ariel! La fiebre del GPS asusta, cuando estuve en Alemania el año pasado vi que hasta los taxis llevan uno.
Pero también me enteré que hubo varios accidentes por hacerle caso al aparatillo.
Gracias Vanis. Creo que la gente se vuelve tan dependiente del aparato, que si el gps te dice que te mandes con el auto al precipicio, llega un punto en que perdés el sentido común y te mandás derechito al barranco.
Fue muy gracioso lo que me pasó en Madrid: El taxista que me llevaba dijo:” vamos a buscar en el aparatito a ver qué nos dice”. Y luego me iba contando lo q le indicaba el gps y lo que, en vez, hacía él. “En definitiva, no le hemos hecho caso en nada” concluyó el taxista, muy contento. Igual, llegué rápido
ajajja si, un tipo me contó que de noche se tragó un cartel de esos de vías en reparación. Claro es no lo mostraba el GPS!